Ser escritor no es fácil

Supongo que no soy la única persona en el mundo que sueña con escribir un libro. Muchos de nosotros amamos leer y escribir. Y no solo eso… Si no que tenemos vocación para ello.

Antes de nada, quiero decir que uno no se convierte en escritor cuando consigue publicar un libro. Uno es escritor por el simple hecho de serlo. Desde el primer momento, aquel en el que una nueva historia comienza a formarse en nuestra mente, para después empezar el largo camino que es el de escribir un libro, desde ese instante ya somos escritores. Otra cosa distinta es que seamos buenos o malos en ello.

Yo, por mi parte, me considero escritora. Una escritora que ama la literatura y que adora escribir. No voy a decir si soy buena o no, porque eso no me corresponde a mí, si no a mis lectores. O, mejor dicho, a mis futuros lectores. Por supuesto, considero mis obras buenas. Algo valioso que merece la pena leer. Si  no, no las hubiera escrito nunca.

A pesar de todo esto, y de saber que tengo un don para la escritura con el que no todo el mundo nace. (A unos se les da mejor la música, el arte, las cuentas, las letras, etc). A pesar de todo sé que el camino es difícil. Es un camino en el que toca asumir que nunca dejaremos de aprender, como escritores. Aconsejo que siempre toméis bien las críticas y aprendáis de ellas. Siempre hay algo en lo que podemos mejorar, aunque a veces creamos saberlo todo.

Escribir un buen libro, tomará su tiempo. Después, la búsqueda de que nuestro libro vea la luz será un torbellino de emociones. Muchas veces, os sentiréis frustrados, con ganas de dejarlo todo, al no ver los resultados esperados.

Aún en el caso de lograr publicar, un proceso en el que me voy a ver inmersa en muy poco tiempo, si las cosas salen como espero. Aún así, tenemos, DEBEMOS, seguir trabajando. Por nuestro libro.

En resumen, lo que quiero decir es que, si alguien llega a leer todo esto, si te has sentido identificado en algún aspecto… ¡No te rindas! ¡Sigue! Como bien me dijeron a mí… ¡Sigue nadando! Porque solo llega a la orilla el que persevera, el que no se deja hundir por las negativas de los demás ni por sus propios miedos.

Y, ante todo, nunca dejes de escribir. Y de soñar, que eso es gratis.